Aquella tarde de primavera no me miraste ni te mire,
nadie paso por nuestra acera, no pude decirte cuanto te amé.
No hubo silencios indecisos ni fracasaron mis intentos de
robarte un beso mientras sorprendida fingias que no lo esparabas.
Aquella tarde entre tus brazos no me dormi sintiendo tu aliento,
no murmuraste que me amabas ni me abatio el resentimiento.
No me senti mal por tu silencio ni insulte tus desvarios,
Ni en un suspiro de astio me digiste que no te amara.
Cuando miraramos la luna al irse el sol a su aposento, no insultaste a la
oscuridad por haber dañado aquel momento. Ni fue difícil para ti fingir que
no me querías, ni para mí fue muy difícil darme cuenta que te perdía.
Aquella tarde entre los dos no hubo un beso de despedida porque los dos,
fingiendo olvido, nunca llegamos a nuestra cita.
lunes, 26 de octubre de 2009
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